sábado, 31 de marzo de 2012

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

Hoy la Liturgia nos presenta dos lecturas del Evangelio: una antes del comienzo de la Misa, en la bendición de los ramos y procesión de ingreso, que relata la entrada de Jesús en Jerusalén; y la otra referida a la Pasión de Cristo. Ambas lecturas están tomadas de Marcos.

Vamos a ofrecer a continuación el video de la primera de esas lecturas y más abajo el relato de la Pasión con su comentario.


Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle. Pues decían: «Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo».
Estando Él en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza. Había algunos que se decían entre sí indignados: «¿Para qué este despilfarro de perfume? Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselo dado a los pobres». Y refunfuñaban contra ella. Mas Jesús dijo: «Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí. Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis; pero a mí no me tendréis siempre. Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Yo os aseguro: dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya».
Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo. Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él andaba buscando cómo le entregaría en momento oportuno.
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
Y al atardecer, llega Él con los Doce. Y mientras comían recostados, Jesús dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo». Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: «¿Acaso soy yo?». Él les dijo: «Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato. Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios». Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Jesús les dice: «Todos os vais a escandalizar, ya que está escrito: ‘Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas’. Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea». Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no». Jesús le dice: «Yo te aseguro: hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres». Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré». Lo mismo decían también todos.
Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración». Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad». Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de Él aquella hora. Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú». Viene entonces y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil». Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle. Viene por tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos! ¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca».
Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que le iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es, prendedle y llevadle con cautela». Nada más llegar, se acerca a Él y le dice: «Rabbí», y le dio un beso. Ellos le echaron mano y le prendieron. Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja. Y tomando la palabra Jesús, les dijo: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero es para que se cumplan las Escrituras». Y abandonándole huyeron todos. Un joven le seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen. Pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo.
Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y se reúnen todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. También Pedro le siguió de lejos, hasta dentro del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba sentado con los criados, calentándose al fuego. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte; pero no lo encontraban. Pues muchos daban falso testimonio contra Él, pero los testimonios no coincidían. Algunos, levantándose, dieron contra Él este falso testimonio: «Nosotros le oímos decir: ‘Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres». Y tampoco en este caso coincidía su testimonio. Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?». Pero Él seguía callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?». Y dijo Jesús: «Sí, yo soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes del cielo». El Sumo Sacerdote se rasga las túnicas y dice: « ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Todos juzgaron que era reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, le cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le decían: «Adivina», y los criados le recibieron a golpes.
Estando Pedro abajo en el patio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote y al ver a Pedro calentándose, le mira atentamente y le dice: «También tú estabas con Jesús de Nazaret». Pero él lo negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal, y cantó un gallo. Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Éste es uno de ellos». Pero él lo negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Ciertamente eres de ellos pues además eres galileo». Pero él, se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!». Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Y Pedro recordó lo que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres». Y rompió a llorar.
Pronto, al amanecer, prepararon una reunión los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín y, después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntaba: «¿Eres tú el Rey de los judíos?». El le respondió: «Sí, tú lo dices». Los sumos sacerdotes le acusaban de muchas cosas. Pilato volvió a preguntarle: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan». Pero Jesús no respondió ya nada, de suerte que Pilato estaba sorprendido.
Cada Fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato. Subió la gente y se puso a pedir lo que les solía conceder. Pilato les contestó: «¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?». Pues se daba cuenta de que los sumos sacerdotes le habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que dijeran que les soltase más bien a Barrabás. Pero Pilato les decía otra vez: «Y ¿qué voy a hacer con el que llamáis el Rey de los judíos?». La gente volvió a gritar: «¡Crucifícale!». Pilato les decía: «Pero, ¿qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaron con más fuerza: «¡Crucifícale!». Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado.
Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte. Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron a saludarle: «¡Salve, Rey de los judíos!». Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante Él. Cuando se hubieron burlado de Él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan fuera para crucificarle.
Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Le conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario. Le daban vino con mirra, pero Él no lo tomó. Le crucifican y se reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se llevaba cada uno. Era la hora tercia cuando le crucificaron. Y estaba puesta la inscripción de la causa de su condena: «El Rey de los judíos». Con Él crucificaron a dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Y los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días, ¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!». Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos». También le injuriaban los que con Él estaban crucificados.
Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: «Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?», que quiere decir «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». Al oír esto algunos de los presentes decían: «Mira, llama a Elías». Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: «Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarle». Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.
Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. Al ver el centurión, que estaba frente a Él, que había expirado de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios». Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Y ya al atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extraño Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo. Informado por el centurión, concedió el cuerpo a José, quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José se fijaban dónde era puesto.
(Mc 14,1—15,47)

Comentario
Hoy, en la Liturgia de la palabra leemos la pasión del Señor según san Marcos y escuchamos un testimonio que nos deja sobrecogidos: «Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39). El evangelista tiene mucho cuidado en poner estas palabras en labios de un centurión romano, que atónito, había asistido a una más de entre tantas ejecuciones que le debería tocar presenciar en función de su estancia en un país extranjero y sometido.
No debe ser fácil preguntarse qué debió ver en Aquel rostro -a duras penas humano- como para emitir semejante expresión. De una manera u otra debió descubrir un rostro inocente, alguien abandonado y quizá traicionado, a merced de intereses particulares; o quizá alguien que era objeto de una injusticia en medio de una sociedad no muy justa; alguien que calla, soporta e, incluso, misteriosamente acepta todo lo que se le está viniendo encima. Quizá, incluso, podría llegar a sentirse colaborando en una injusticia ante la cual él no mueve ni un dedo por impedirla, como tantos otros se lavan las manos ante los problemas de los demás.
La imagen de aquel centurión romano es la imagen de la Humanidad que contempla. Es, al mismo tiempo, la profesión de fe de un pagano. Jesús muere solo, inocente, golpeado, abandonado y confiado a la vez, con un sentido profundo de su misión, con los "restos de amor" que los golpes le han dejado en su cuerpo.
Pero antes -en su entrada en Jerusalén- le han aclamado como Aquel que viene en nombre del Señor (cf. Mc 11,9). Nuestra aclamación este año no es de expectación, ilusionada y sin conocimiento, como la de aquellos habitantes de Jerusalén. Nuestra aclamación se dirige a Aquel que ya ha pasado por el trago de la donación total y del que ha salido victorioso. En fin, «nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia» (San Andrés de Creta).
Rev. D. Fidel CATALAN i Catalan (Terrassa, Barcelona, España)

jueves, 29 de marzo de 2012

Programación para Semana Santa 2012

Horarios en nuestra Parroquia

1° de Abril – DOMINGO DE RAMOS

11:00 hs: Bendición de los ramos y Misa
20:00 hs: Misa

2 de Abril – LUNES SANTO

20:00 hs: Misa
21:00 hs: Celebración Penitencial

3 de Abril – MARTES SANTO

20:00 hs: Misa

4 de Abril – MIÉRCOLES SANTO

20:00 hs: Misa

5 de Abril – JUEVES DE LA CENA

20:00 hs: Celebración de la Institución de la Eucaristía y Lavatorio de los Pies.
                 Gesto solidario: fondo para medicamentos.
21 a 24 hs: Adoración.
- De martes a jueves: Confesiones de 16:00 a 19:30 hs.

6 de Abril – VIERNES SANTO

- El templo permanece abierto para el rezo del VIA CRUCIS en familia.
10:30 hs: Celebración ecuménica en templo Metodista. Calle Lima 171.
15:00 hs: VIA CRUCIS comunitario.
19:30 hs: Celebración de la Pasión y Adoración de la cruz.
- Confesiones de 14:30 hs. en adelante.

7 de Abril – SÁBADO SANTO

10:00 hs: Rezo del Rosario y de los Dolores de la Virgen María.
21:00 hs: VIGILIA PASCUAL (traer una vela).

8 de Abril – DOMINGO DE PASCUA

Misas a las 11:00 y a las 20:00 hs.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Celebraciones a presidir por el Arzobispo de Córdoba, 
Monseñor Carlos Ñañez:

DOMINGO DE RAMOS (1 de Abril)

10.30 hs: Bendición de los Ramos en la Iglesia Santa Catalina de Siena (Obispo Trejo 44). Procesión hasta la Catedral.
11.00 hs: Misa en la Iglesia Catedral

JUEVES SANTO (5 de Abril)

09.00 hs: Misa Crismal, este año en la Iglesia Santa Catalina de Siena
19.00 hs: Misa de la Cena del Señor y luego adoración al Santísimo en la Catedral
21.30 hs:  Manifestación de Fe por las calles del Centro. Partiendo desde la Parroquia María Auxiliadora (Colón y Rodríguez Peña) hasta Plaza Vélez Sársfield.

VIERNES SANTO (6 de Abril)

10.30 hs: Celebración Ecuménica. En la Iglesia Metodista, Lima 171. Organiza Centro Ecuménico Cristiano de Córdoba. Invita Comisión Arquidiocesana de Ecumenismo.
19.00 hs: Celebración de la Pasión presidida por Mons. Ñáñez en la Iglesia Catedral.
18.30 hs: Vía Crucis. Desde el Buen Pastor hasta la Iglesia Catedral.

SÁBADO SANTO (7 de Abril)

20.00 hs: Vigilia Pascual

DOMINGO DE RESURRECCIÓN (8 de Abril)

08.00 hs: Misa radial en la Parroquia Resurrección del Señor y Nuestra Señora de Pompeya, Bº Escobar.
10.30 hs: Misa de Pascua de Resurrección en la Catedral

martes, 27 de marzo de 2012

Buscamos la felicidad

En estos días cercanos a lo que los cristianos denominamos Semana Santa, celebrando la Pascua de Jesús, y ante una patria que parece no haber aprendido a apreciar la vida y busca con afán la felicidad poniendo la mirada en modelos gastados que nos venden como progresismo, resonaban en mi uno de los pasajes del Evangelio que más ha conmovido al mundo a lo largo de los siglos: las ocho bienaventuranzas del Sermón de la Montaña.

El papa Pablo VI se refirió a este pasaje presentándolo como “uno de los textos más sorprendentes y más positivamente revolucionarios”. “¿Quién se habría atrevido en el curso de la historia –dijo–  a proclamar ‘felices’ a los pobres de espíritu, a los afligidos, a los mansos, a los hambrientos, a los sedientos de justicia, a los misericordiosos, a los puros de corazón, a los artífices de la paz, a los perseguidos, a los insultados…? Aquellas palabras, sembradas en una sociedad basada en la fuerza, en la riqueza, en la violencia, en el atropello, podían interpretarse como un programa de vileza y abulia indignas del hombre; en cambio, eran proclamas de una nueva civilización del amor”.

El programa evangélico de las bienaventuranzas es sencillamente un programa fascinante, nos decía Juan Pablo II con entusiasmo. Bien se puede decir que quien ha comprendido y se propone practicar las ocho bienaventuranzas propuestas por Jesús, ha comprendido y puede hacer realidad todo el Evangelio.

En efecto, para sintonizar de manera plena con las bienaventuranzas, hay que captar en profundidad y en todas sus dimensiones las esencias del mensaje de Cristo, hay que aceptar sin reserva alguna el Evangelio entero.

Ciertamente, el ideal que el Señor propone en las bienaventuranzas es elevado y exigente, pero como sugiere el Concilio Vaticano II, sólo en el Evangelio de las bienaventuranzas encontraremos el sentido de la vida y la luz plena sobre la dignidad y el misterio del hombre.

Jesús de Nazaret comenzó su misión mesiánica predicando la conversión en el nombre del reino de Dios. Las bienaventuranzas son precisamente el programa concreto de esa conversión. Con la venida de Cristo, hijo de Dios, el reino se hace presente en medio de nosotros: “está dentro de nosotros” y al mismo tiempo ese reino constituye la meta definitiva de la existencia humana. Pues bien, cada una de las ocho bienaventuranzas señala esa meta más allá del tiempo.

Pero, a la vez, cada una de las bienaventuranzas afecta de modo directo y pleno al hombre en su existencia terrenal y temporal. Todas las situaciones que forman el conjunto del destino humano y del comportamiento del hombre están comprendidas de modo concreto, con su propio nombre, en las bienaventuranzas. Éstas señalan y orientan el comportamiento de los discípulos de Cristo, de sus testigos. Por eso, las ocho bienaventuranzas constituyen el código más conciso de la moral evangélica, del estilo de vida del cristiano.

Si queremos ser de verdad felices, busquemos la identificación con Cristo. Él es el verdadero protagonista de las ocho bienaventuranzas; no es sólo el que las ha enseñado, sino que es, sobre todo, el que las ha realizado de modo más perfecto durante y con toda su vida, y en particular en su Pascua.

Las bienaventuranzas son como el retrato de Cristo, un resumen de su vida, el dibujo de su rostro, y por eso se presentan también como un “programa de vida” para sus discípulos, un camino de compromiso con el mandamiento del amor que él selló con su entrega hasta la muerte y aun más allá: con la resurrección.

¡Feliz Pascua para todos!

P. Pedro Torres 
Parroquia Nuestra Señora del Valle

domingo, 25 de marzo de 2012

La Anunciación de María

“En el mes sexto [del embarazo de Isabel] fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Entrando le dijo: Alégrate, llena de gracia; el Señor es contigo. Ella se turbó al oír estas palabras, y discurría qué podría significar aquella salutación. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús: EL será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendrá fin. Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? EL ángel le contestó y dijo: EL Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios. E Isabel, tu pariente, también ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el mes sexto de la que era estéril, porque nada hay imposible para Dios. Dijo María: He aquí a la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y se fue de ella el ángel” Lc 1, 26-38

Toda Vida, Toda la Vida

Reflexión en torno al Día internacional de la vida 
por el Pbro. Eduardo Casas

1. Un Día para la conmemorar la vida

El 25 de marzo de cada año, en todo el mundo, se ha dispuesto conmemorar el “Día internacional de la vida” también denominado “de la vida naciente” o “del niño por nacer”. Este día, aunque no ha surgido desde una motivación religiosa, sin embargo, para quienes creemos en Jesús, la comprensión del sentido de esta conmemoración se profundiza y enriquece.

En el calendario litúrgico de nuestra fe coincide con la fiesta de la Anunciación del Arcángel Gabriel a María, anunciando la Buena Nueva de la concepción de Jesús, el Hijo de Dios en el seno virginal de su Madre, por la obra fecundante del Espíritu. La Encarnación nos permite apreciar el valor sagrado inalienable de toda vida humana, emparentando a Dios con nuestro linaje de una manera única y total ya que comparte la experiencia de ser concebido, gestado, nacido y crecido como un ser humano.

Jesús mismo ha dicho de sí: “Yo soy la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1,9). Además Él mismo se ha autodefinido: “Yo soy la vida” (14,6); “Yo soy la Resurrección y la vida” (11,25). Eso es lo que caracteriza su misión: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”(10,10). La riqueza de su vida hace rebalsar la nuestra: “de su plenitud todos hemos recibido” (1,16).

Como argentinos tampoco podemos dejar de recordar que cada 24 de marzo, en nuestro país, se conmemora el “Día Nacional de la memoria por la verdad y la justicia”. Aún persiste en muchos de nuestros compatriotas la memoria dolorida por una  historia de heridas y desencuentros. Tal como nos recuerda el Documento “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad (201-2016): “nunca llegaremos a la capacidad de dialogar sino existe una sincera reconciliación. Se requiere renovar una confianza mutua que no excluya la verdad y la justicia. Las heridas abiertas en nuestra historia, de las cuales también nos sentimos responsables, pueden cicatrizar si evitamos las parcialidades. Todos debemos ser co-responsables de la construcción del bien común. Hay que sumar en lugar de restar. Importa cicatrizar las heridas,  evitar las concepciones que nos dividen” (HBJS, 19).

La clave de la vida, en la cual -creyentes y no creyentes- nos sentimos plenamente identificados, nos pone frente al reto personal y social de la dignidad, los derechos y el compromiso con toda vida, con toda la vida y todas las vidas. Nadie puede estar excluido de nuestro corazón.

2. La vida humana en crecimiento: ciclo inclusivos

El  “Día de la vida naciente” o “del niño por nacer” puede focalizarnos en esa etapa de la vida que marca el inicio de la existencia, sin embargo, es preciso que lo consideremos también un poco más ampliamente. Desde la fe sabemos que lo que biológica y físicamente acontece una sola vez en la existencia -el nacimiento- en el proceso espiritual tiende a ser una renovada continuidad. Lo que constituye el punto inicial en el transcurso humano es una constante en el itinerario interior. En lo natural se da una sola vez; en lo sobrenatural debe darse constantemente. Así como el que no nace, no vive; de manera análoga, el que permanentemente no está reengendrándose, no puede experimentar el dinamismo espiritual. La afirmación de Jesús a Nicodemo -“no te sorprendas que te haya dicho: tienes que nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere y oyes su voz pero no sabes de dónde viene y a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (3,7-8)- nos revela que la vida espiritual es un dinamismo permanente que se inicia con el nacimiento “del agua y del Espíritu” una sola vez sacramentalmente, en el bautismo, para después nacer “de lo alto”, continuamente, en la vida interior. A este continuo y fecundo nacimiento espiritual la Biblia también lo llama “regeneración”: “hemos sido re-engendrados de una semilla incorruptible, por medio de la Palabra de Dios viva y permanente” (1 Pe 1,23); “Dios nos engendró por su propia voluntad, con la Palabra de la verdad para que fuésemos las primicias de su creación” (St 1,18); “nos salvó por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu” (Tit 3,5).

El “Día internacional de la vida” nos abre un horizonte amplio hacia todas las etapas de la existencia humana. Cada ciclo existencial tiene sus propias características. Para el niño la vida es aprendizaje y dependencia; para el adolescente, crisis de autoafirmación y búsqueda de identidad; para el joven, opción responsable y compromisos definitivos; para el adulto, experiencia y plenitud; para el anciano, sabiduría y unidad de vida.

La vida humana  no se resuelve en una sola y determinada etapa sino en el proceso de toda la vida. No hay que quedarse con una “parte” de ella.  Cada etapa involucra las otras. No hay que saltear ninguna. Una vida madura es aquella que, en cada momento, incorpora la armonía del conjunto. La madurez no se realiza “recortando” sino integrando ciclos inclusivos en los que unos se incorporan a los otros y hacen al todo. Esto no implica que las etapas sean uniformes. La transición de una a la otra, conlleva siempre una cierta “movilización”, una “crisis”  de adaptación y superación.

No hay que idealizar, ni estigmatizar ninguna etapa de la vida. Cada una tiene límites y  posibilidades, luces y sombras. Todos los ciclos vitales son necesarios, ricos y complejos. En cada uno se condensa “cualitativamente” lo vivido. No se agrega, ni se adiciona, ni se suma sino que se asume lo vivido. Se “resignifica” lo anterior posibilitando una renovada manera de ver desde otro ángulo de compresión. Las mismas realidades de nuestra propia vida las valoramos, sucesivamente, con la percepción propia de cada etapa.

En cada ser humano conviven y coexisten el niño, el adolescente, el joven, el maduro y el adulto mayor.  Lo que he sido, lo que soy y lo que seré: todo queda asumido y potenciado, vivido e interpretado. Cada uno se puede conectar con ese niño interior, con ese joven que aún tiene los mismos sueños,  con ese hombre maduro que busca el equilibrio, con ese anciano sabio que conoce nuestras experiencias. Todos ellos, contienen y despliegan, la riqueza y complejidad de un único “yo”. Todos ellos son yo mismo.  Soy el mismo y soy distinto a la vez. Soy el mismo de diverso modo. La esencia, permanece y perdura, lo que no cambia en medio de los cambios. Soy este “yo” con su particular universo personal, el que  se ha ido enriqueciendo y construyendo, en su identidad, a través de la historia y de las relaciones que me han forjado.

La vida no es la “suma” sino la “integración”,  la asunción, la aceptación de todo. La existencia humana es la vida toda en cada una de sus etapas. No hay que tratar de resolverla en una sola. Ningún ciclo puede excluir el resto. Ninguno es más importante que los otros. Al contrario, cada período necesita del otro para aportar al crecimiento en su conjunto. La persona humana se despliega en torno a su centro: somos uno y somos, todo lo que hemos sido, a la vez.

En definitiva, la vida humana en todas sus etapas, se resuelve en el amor. Para los creyentes, esto se ilumina desde el misterio de Jesús que, según el ritmo histórico de lo humano, “crecía ante Dios y los hombres” (Lc 2,52).

3. La vida no se explica

Nadie puede definir o “explicar” la vida. A menudo- ni siquiera se la puede entender demasiado. Ella simplemente acontece ante nuestro asombro. No es para razonarla sino para vivirla, proyectarla y compartirla. Las diversas imágenes y metáforas que empleamos para describir, son sólo un balbuceo. En lo más profundo sabemos y sentimos que la vida es un misterio sagrado; un mensaje; un camino y un paisaje en movimiento; varios senderos y un único horizonte; un solo viaje y una consecución de variados y sucesivos panoramas; un proyecto y muchas obras, un solo fin y múltiples acciones; miles de circunstancias y una sola trama; innumerables tramos y un solo mapa con tiempos y espacios, geografías e historias; una suma de fragmentos unidos por un solo hilo; un regalo con muchos dones; un hecho extraordinario en medio de sucesos ordinarios; un milagro que siempre sucede sin que nos demos cuenta; una orfebrería divina; un tesoro escondido; un cofre por abrir; un don inapreciable; una tarea desafiante; un sentido profundo y esclarecedor; un despertar que nos visita; una luz que nos alcanza, nos envuelve y nos bendice; un sueño que nos impulsa, nos sostiene y nos alumbra.

Todos la tenemos, la comunicamos y la prodigamos, en una energía constante que se transforma y se recicla. A menudo se manifiesta como una poderosa fragilidad y una extrema vulnerabilidad.  En cualquiera de sus formas, la vida es siempre un don para cuidar. Cuando se despliega madura es también lucha y batalla, conquista y vencimiento, triunfo y derrota, paz y descanso, empuje y empeño, esfuerzo sostenido y continua labor, trabajo provechoso y conflicto doloroso.

Muchas veces es también transfiguración y muerte. Ésta es su última y más hermosa sorpresa. Su más esperada incógnita. Su espejo póstumo. La vida siempre queda abierta, inconclusa: es un recorrido sin terminar, promesa y pacto, un sendero de sentido único que siempre avanza, nunca retrocede, permanentemente se abre hacia delante.

La vida –en definitiva- es lo que has recibido y lo que has hecho de ella a partir de tu libertad y tus opciones. Para los que creemos se convierte en un “relato” de fe, una “buena nueva”, una “parábola”, una “memoria de Dios”, un tapiz entretejido con  los “signos de los tiempos”  (Lc 13,54-56).
        
La vida –sencillamente- es. Por eso siempre nos maravilla y asombra. Constituye el reflejo más cercano de la bulliciosa, burbujeante y efervescente naturaleza de Dios, el Dios de la vida y de los vivos (cf. Mt, 22, 29, Lc 20,38, Mc 12,27). 

4. Algunas preguntas para hacerse o para compartir con otros.

- ¿Cuáles son las imágenes que tienes de la vida en este presente de tu camino?
- ¿Qué etapa del camino de la vida es el que hoy más te preocupa?; ¿por qué?
- En tu propia vida: ¿la fe en qué te ayuda concretamente?
- ¿Cuáles son los desafíos actuales de la vida en el marco social?
- ¿Cuáles son las esperanzas de vida que podemos alimentar en este presente?
- ¿Cuál es el compromiso que puedes asumir en tu empeño por la vida?

5. Oración
Señor Jesús, Vida de toda vida y Dador de todo don,
Fuente primera y última de la existencia, 
Camino de todos nuestros senderos.

A ti confiamos la vida de este mundo y la vida de los amamos.
Sabemos que si no te descubren, se privan de lo más hermoso
que tiene el paso por este mundo.

Danos sabiduría para poder mostrarles a otros,
de diversas formas, la hermosa luz de la fe y su plenitud de sentido.
Perdona muchos muchas faltas contra la vida.
Haznos instrumentos de vida, testigos humildes de este don bendito.

Tú que eres la Resurrección,
Tú que nos prometiste que te quedarías con nosotros,
todos los días hasta el fin del mundo,
acompáñanos siempre,
sosteniéndonos en cada etapa de nuestro peregrinar.
Amén.

Evangelio del Domingo 5° de Cuaresma

En aquel tiempo, había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Él les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
»Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre». Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré». La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel». Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.
(Jn 12,20-33)

viernes, 23 de marzo de 2012

Descansar en Dios

La oración es ante todo “descanso”. Un descanso que nos enseña a encarar descansadamente el trabajo. Si en algo hay que ‘trabajar’ durante nuestra oración es en ‘descansar’ nuestra vida en Dios.

Jesús nos dijo que Él no tiene dónde reclinar la cabeza (Lc 9,58), lo cual, sólo es posible si tiene dónde reclinar el corazón. En nuestra oración ocurre precisamente esto, no tenemos dónde reclinar la cabeza (lo que estamos pensando), sólo tenemos dónde reclinar el corazón: en el Corazón de Dios, en el corazón de su Amor.

Significa todo un ‘trabajo’ descansar reclinando el corazón. Pareciera que hasta que la cabeza no se recuesta, no hay descanso, y sin embargo, no habrá descanso hasta que el corazón no se recueste.

El ejemplo más vivo de esto, es la oración de Jesús en la angustiosa puerta de su Pasión, en el huerto de Getsemaní (Mt 26,39). Todo el trabajo de Jesús está en descansar su corazón, para que su cabeza descanse en los caminos que se trazan desde el Proyecto que salva a toda la humanidad. Y el secreto para encontrar ese descanso pasa por la realidad del Padre, en la que la realidad del Hijo está sostenida.

Como él, nosotros también debiéramos aprender a no hablar mucho cuando oramos (Mt 6,7-8), sino a descansar lo que nos preocupa, poniendo el corazón a descansar en el Padre. Algo así sería: “Padre, me da miedo”; “Padre, no me atrevo”; “Padre, no está en mis manos”; “Padre, no quiero”; “Padre, no entiendo”; hasta poder simplemente terminar diciendo: “Padre”.

No tener tiempo para orar es no tener tiempo para descansar. Si no oramos, pronto nos cansamos.

Javier Albisu sj

martes, 20 de marzo de 2012

Invitación al Grupo Vicentino "Cura Brochero"

El Grupo Vicentino de la Parroquia Nuestra Señora del Valle te invita a formar parte del mismo. Necesitamos personas dispuestas a brindarse a los demás por amor a Dios en el prójimo. Las tareas a realizar son múltiples: visitas y servicio a quien lo necesite...

¡Ábrete al llamado de Jesús, que hoy requiere de tus manos, de tu boca, de tus pies, para llegar al que sufre, al que está solo, al que está enfermo, al que espera una palabra de consuelo y esperanza para seguir viviendo!.

Siente la alegría del servicio, dale mayor sentido a tu vida. ¡TE ESPERAMOS!

Recuerda las palabras de Jesús: "LO QUE HICIERES AL MÁS PEQUEÑO DE MIS HERMANOS A MÍ ME LO HACÉIS! Mt. 25,40.

Nos reunimos los segundos y cuartos jueves de cada mes a las 18.30 hs. en el salón parroquial. Primera reunión: Jueves 22 de marzo de 2012.

¡OJALÁ TE DECIDAS! ¡ESPERAMOS CONTAR CON VOS!
          
Grupo Vicentino "Cura Brochero"

lunes, 19 de marzo de 2012

Lanzamiento del gesto misionero Cuaresma - Pascua 2012

En Jesús... nos comprometemos
"Denles ustedes de comer"

“Que como Pueblo de Dios que peregrina en Córdoba, junto a los hombres y mujeres de buena voluntad, asumamos el compromiso de construir (la vida es tarea) nuestras familias, nuestra Patria y el Pueblo de Dios.”

El objetivo que la Arquidiócesis nos propone en este año, nos invita a una de las más cualificadas y determinantes conductas por las cuales nos identificamos como cristianos.

Compromiso cristiano, una palabra quizás gastada, o bien fuera del ámbito de las preocupaciones del consumo o de los sectores del dinero ó del poder, pero que cobra una seria relevancia ante los desafíos y las preocupaciones actuales. Compromiso que nos invita a una toma de postura que no por ser evangélica deja de ser arriesgada y valiente y que tiene su raíz y fundamento en el Amor entrañable del Padre que se ha comprometido con nosotros dándonos lo más preciado suyo: su Hijo muy querido.

Los obispos de América Latina reunidos en Aparecida (año 2007) nos hacen una invitación en este sentido y nos llaman, desde nuestra condición de discípulos misioneros, a impulsar el Evangelio de la vida y la solidaridad (DA 400). Se detienen en sectores particulares que son los más vulnerables y donde debemos prestar mayor solicitud en el cuidado de la vida:

• Las Personas que viven en la calle en las grandes urbes.
• Los Migrantes.
• Los Enfermos.
• Los Adictos dependientes.
• Los Detenidos en cárceles.

Son rostros concretos, gente de nuestro entorno, “los rostros sufrientes que nos duelen” (DA 407), hermanos que tenemos al lado y que están expectantes de nuestra mirada, de nuestra atención. Rostros sufrientes que se hacen visibles cuando nos detenemos ante el prójimo, el hermano próximo que espera la riqueza misionera que se nos ha regalado a nuestro corazón.

El Gesto Misionero de Cuaresma - Pascua que comenzamos el Miércoles de Ceniza tendrá la impronta que partirá de la mirada y atención misericordiosa a estos hermanos, los citados anteriormente o bien aquellos otros que se encuentran en nuestras comunidades como más urgentes de nuestra solicitud y compromiso cristiano.

La imposición de ceniza a los enfermos que realizamos en la Cuaresma, irá unida a la intención de pedir la oración por cada uno de estos rostros sufrientes como así también por nuestra disponibilidad al compromiso con ellos.

De esta manera la misión de la Iglesia en este Gesto Diocesano se encontrará fielmente sostenida por la oración de los hermanos enfermos, a semejanza de lo que dice el apóstol Pablo: “Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24)

Pidámosle a María Santísima, mujer fuerte y comprometida en el silencio, la oración y el servicio, que nos lleve de su mano por los caminos de la Vida plena de su Hijo Jesús.

ORACIÓN DEL ENFERMO

¡Oh Dios!, de mi debilidad y mi fortaleza,
de mi tristeza y de mi alegría,
de mi soledad y compañía,
de mi incertidumbre y esperanza.

En la noche de mi enfermedad
me pongo en tus manos de Padre:
Alumbra esta oscuridad con un rayo de tu Luz,
abre una rendija a mi esperanza,
llena con tu Presencia mi soledad.

Señor, que el sufrimiento no me aplaste,
para que también ahora
sienta el alivio de tu Amor
y sea agradecido a la generosidad
de cuantos sufren conmigo. Amén


PADRE NUESTRO MISIONERO

Padre nuestro que estás en el cielo... Creemos ¡oh Dios! que eres nuestro Padre porque nos lo ha revelado Jesús. Pero hay una multitud de hombres que todavía ignoran el amor de tu corazón paternal y no saben rezarte la oración que tu mismo Hijo nos enseñó.

Santificado sea tu nombre... en tu nombre está encerrado el mensaje de tu amor y la historia de nuestra salvación.  Anunciando a los pueblos tu paternidad, la Iglesia misionera te hace conocer a Ti y a tu enviado Jesucristo.

Venga a nosotros tu Reino... porque sólo en tu Reino, llegamos a ser hijos tuyos y hermanos entre nosotros. Tu Reino de paz, de fe y caridad implantan los misioneros en el corazón de la humanidad.

Hágase tu voluntad... Conocerte a Ti, reconocerte en Cristo y amarte en el Espíritu Santo es tu voluntad. Sálvanos, Padre, para que podamos salvar a nuestros hermanos y se cumpla así el deseo de tu hijo: "que haya un sólo rebaño y un sólo pastor".

Danos hoy nuestro pan de cada día. "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" y este pan de tu palabra el mundo lo reclama. Envía predicadores de tu Evangelio para saciar a la multitud hambrienta y sedienta de justicia y amor.

Perdona nuestras ofensas... porque hemos pensado poco en nuestro deber de llevar a los que no te conocen la fe que recibimos gratuitamente. Perdónanos, Señor, porque no comprendemos todavía, la grandeza de la misericordia hacia los más necesitados.

No nos dejes caer en la tentación...  de escandalizarnos, ni de desconfiar de tu providencia amorosa ante aquellos que no creen, después de dos mil años de la muerte en la cruz de tu hijo por nosotros.

Líbranos del mal...  de ser insensibles a las necesidades de los que aún no te conocen. De este mal de la indiferencia, líbranos, Señor. Amén.


CREDO DEL ENFERMO Y EL ANCIANO  MISIONERO

CREO que Dios Padre, que ha creado todas las cosas del cielo y de la tierra, no ha creado el dolor ni el sufrimiento, pero sí los  permite con designios de amor y de misericordia.

CREO que Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor ha venido a la tierra para salvarnos. A través de su muerte en cruz y su resurrección ha transformado y santificado el sufrimiento, dotándolo de un valor salvífico y redentor.

CREO que el sufrimiento es para el alma el gran cooperador de la redención y la santificación.

CREO que el Espíritu Santo de Dios, Señor y dador de Vida, es Amor y que, en sus manos, el dolor no es más que un medio de que se vale su amor para transformarnos y salvarnos.

CREO que el sufrimiento ofrecido por amor es tanto, y aún más fecundo, que nuestras palabras y obras; y más poderosas han sido para nosotros y más eficaces a los ojos de su Padre, las pocas horas de la Pasión de Cristo, que todos los años de su predicación y de su apostolado en la tierra.

CREO que a través de la enfermedad y las limitaciones de la vejez, completamos en nuestra carne lo que le falta a la cruz de Cristo y, de esta manera, colaboramos de manera incomparable con su obra redentora en beneficio de la humanidad.

CREO en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.

CREO que en la eternidad hallaremos a aquellos que han soportado y abrazado la Cruz, y que sus sufrimientos y los nuestros, irán a perderse en el infinito Amor divino y en las alegrías de la definitiva reunión.

CONFIESO que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.

ESPERO la resurrección de la carne y la vida del mundo futuro. Amén.

CAAM
Comisión Arquidiocesana de Animación Misionera
Arzobispado de Córdoba

domingo, 18 de marzo de 2012

Evangelio del Domingo 4° de Cuaresma

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
»Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».
(Jn 3,14-21)

viernes, 16 de marzo de 2012

Talleres 2012 de "Hogares Sanos y Apacibles"

Talleres dictados por el Padre Pablo Fuentes omi en la Parroquia Nuestra Señora del Valle

• 1° Taller: Rengo, rengo, pero vengo.

Cuarto miércoles, comenzando el 28 de marzo, de 20:30 a 22:30 horas.

Requisito: Haber asistido al taller “De los sentimientos a los valores” o participado de Encuentro Matrimonial.

2° Taller: El amor también se enferma…¡protéjelo!

Cuarto miércoles, comenzando el 25 de abril, de 20:30 a 22:30 horas.

Requisito: Abierto a todo público, pero especialmente para parejas de matrimonios o de novios.

Entrada gratuita y cada uno colabora como desee.

miércoles, 14 de marzo de 2012

No una vida, sino dos

Atento a la reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a favor de la no penalización del aborto por violación en la interpretación del artículo 86 del código penal, el Arzobispo de Córdoba, Mons. Carlos José Ñáñez, quiere expresar su total  coincidencia con lo manifestado por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina en su documento: “No una vida, sino dos”, del 18 de agosto de 2011, en donde se expresó claramente a favor de la vida señalando “…cuando una mujer está embarazada, no hablamos de una vida sino de dos, la de la madre y la de su hijo o hija en gestación. Ambas deben ser preservadas y respetadas. La biología manifiesta de modo contundente a través del ADN, con la secuenciación del genoma humano, que desde el momento de la concepción existe una nueva vida humana que ha de ser tutelada jurídicamente. El derecho a la vida es el derecho humano fundamental”.

“Deseamos escuchar, acompañar y comprender cada situación, procurando que todos los actores sociales seamos corresponsables en el cuidado de la vida, para que tanto el niño como la madre sean respetados sin caer en falsas opciones. El aborto nunca es una solución.”

Córdoba, 14 de Marzo de 2012