sábado, 31 de diciembre de 2011

Dos celebraciones en este día

Hoy, 31 de diciembre, tenemos dos celebraciones en nuestra comunidad:

1) Hace 58 años, el 31 de diciembre de 1953, fue erigida nuestra Parroquia por Monseñor Fermín Lafitte, obispo de Córdoba. En la columna de la derecha de este blog puede leerse la reseña histórica.

2) Hoy cumple años nuestro párroco, Padre Pedro Javier Torres, nacido el 31 de diciembre de 1960.

Damos gracias a Dios y a la Virgen del Valle por estas dos gracias: nuestra Parroquia y nuestro Párroco.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Mensaje del Papa Benedicto XVI por la Jornada Mundial de la Paz

Mensaje de Benedicto XVI 
con motivo de la próxima Jornada Mundial de la Paz 
que la Iglesia celebra el 1 de enero de 2012. 

1. EL COMIENZO DE UN AÑO NUEVO, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz.

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones.

Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza. Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.

En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencidos de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza.

Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz.

Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.

Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que les prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.

Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y les anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).

Los responsables de la educación

2. La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar –que viene de educere en latín– significa conducir fuera de sí mismos para introducirles en la realidad, hacia una plenitud que hacer crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven.

Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la célula originaria de la sociedad. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro».(1) Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.

Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes más preciosos: la presencia de los padres; una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos, para poder transmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años, y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo. Deseo decir a los padres que no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica.

Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que se contradiga con su conciencia y principios religiosos.

Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho-deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad y a la paternidad. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Que trabajen para favorecer el reagrupamiento de las familias divididas por la necesidad de encontrar medios de subsistencia. Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos.

No puedo dejar de hacer un llamamiento, además, al mundo de los medios, para que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masas tienen un papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la educación de los jóvenes. Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos: en efecto, la educación se produce mediante la comunicación, que influye positiva o negativamente en la formación de la persona.

También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz.

Educar en la verdad y en la libertad

3. San Agustín se preguntaba: «Quid enim fortius desiderat anima quam veritatem? - ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?».(2) El rostro humano de una sociedad depende mucho de la contribución de la educación a mantener viva esa cuestión insoslayable. En efecto, la educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza.

Contemplando la realidad que lo rodea, el salmista reflexiona: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5). Ésta es la cuestión fundamental que hay que plantearse: ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad.

Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre se refiere a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones»,(3) incluida la trascendente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo. Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo.

El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.

La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común».(4)

Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido.(5) Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las personas.

El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

Educar en la justicia

4. En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazado por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor.(6)

No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces transcendentes, separándolo de la caridad y la solidaridad: «La “ciudad del hombre” no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo».7 «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt 5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.

Educar en la paz

5. «La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad».(8) La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.

Levantar los ojos a Dios

6. Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1). Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?».(9) El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).

Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante a las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.

Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.

A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2011

                                                            BENEDICTUS PP XVI

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Notas
1.- Discurso a los Administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma, (14 enero 2011), L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (23 enero 2011)
2.- Comentario al Evangelio de S. Juan, 26,5.
3.- Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009), 648; cf. PABLO VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 14: AAS 59 (1967), 264.
4.- Discurso en la ceremonia de apertura de la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (6 junio 2005): AAS 97 (2005), 816.
5.- Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 16.
6.- Cf. Discurso en el Bundestag (Berlín, 22 septiembre 2011): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (25 septiembre 2011), 6-7.
7.- Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 6: AAS 101 (2009), 644-645.
8.- Catecismo de la Iglesia Católica, 2304.
9.- Vigilia de oración con los jóvenes (Colonia, 20 agosto 2005): AAS 97 (2005), 885-886.

martes, 27 de diciembre de 2011

Celebración interreligiosa por la paz en Córdoba

El próximo jueves 29 de diciembre a las 20 horas se realizará la celebración interreligiosa por la paz, organizada por el Comité Interreligioso por la Paz (COMIPAZ). La ceremonia tendrá lugar en la Iglesia San Francisco, calle Buenos Aires y Entre Ríos.

Este año tendrá un matiz especial, ya que se celebrará el 25º aniversario de la primera celebración interreligiosa por la paz, que fuera convocada por el Beato Juan Pablo II en Asís el 27 de octubre de 1986. Están todos invitados a participar.

Distinciones 2011

Todos los años el COMIPAZ distingue a personas o instituciones destacadas por su labor a favor de la paz, de la solidaridad y de la educación en valores.

Este año se hará un reconocimiento especial al Arzobispo de Córdoba Mons. Carlos Ñañez, recientemente designado como Presidente de la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y otras Religiones, por su constante labor a favor de la paz y del diálogo interreligioso.

En la misma celebración también será distinguida la Asistencia Social y Comunitaria de la comunidad judía de Córdoba, que permanentemente trabajan en la asistencia a personas con escasos recursos y que este año abrieron sus puertas para unir junto al COMIPAZ los cuadraditos de tejido que en el marco de la campaña "Un abrigo para el corazón” armaron frazadas que fueron entregadas al comedor La Botellita de la ciudad de Córdoba.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Mensaje Navideño del sacerdote jesuita Ángel Rossi

Reflexiones en torno a la Navidad del Padre Ángel Rossi S.J. 
tomadas de un reportaje del periodista Pablo Rossi de Cadena 3 Argentina.

¡Feliz Navidad!

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.
(Jn 1,1-18)


La Navidad llega...
Cuando de disipa una duda y se hace luz en el alma.
Cuando un pobre alivia su necesidad.
Cuando un corazón triste recibe consuelo.
Cuando brilla en los ojos la alegría del deber cumplido.
Cuando nace la paz de una reconciliación.
Cuando se ahuyenta la soledad con la dulce compañía de una sonrisa
Cuando una cálida palabra de aliento derrite el hielo de la desilusión.
Cuando el sol de una esperanza alumbra las tinieblas de un fracaso.
Cuando en un corazón viejo y cansado reviven los entusiasmos de la niñez.
Cuando las lágrimas de la emoción multiplican los reflejos del sol de la libertad.
Cuando nosotros logremos hacer la Navidad en las vidas de los otros.

¡FELIZ NAVIDAD!

sábado, 24 de diciembre de 2011

Novena de Navidad - Noveno día

Noveno día, 24 de diciembre: 
EL NIÑO JESÚS  
Lc 2,1-7

Querido Niño Jesús, hoy hemos encontrado la grandeza de tu amor por nosotros.
En nuestro caminar, nos hemos apartado de ti, pero hoy queremos descubrirte de nuevo, recibirte y seguirte por donde nos lleves, porque reconocemos que tú
eres el Señor del universo, el Rey de la Gloria por siempre.
Amén.

El Dios de la Vida, que nos ha regalado al niño Jesús para nuestra redención, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Misas de Noche Buena y Navidad

Informamos los horarios de las
 Misas de Noche Buena y Navidad.

+ Sábado 24 de Diciembre:
La Misa de Noche Buena se celebrará a las 20:30 hs.

+ Domingo 25 de Diciembre:
Las Misas en este día de Navidad se celebrarán en sus horarios habituales: 11 hs. y 20 hs.

A toda la comunidad de nuestra Parroquia Nuestra Señora del Valle les expresamos los deseos de una Feliz y Santa Navidad..!!!!

Novena de Navidad - Octavo día

Octavo día, 23 de diciembre: 
LOS REYES MAGOS EN CAMINO  
Mt 2,1-12

Ven Espíritu de Dios a mi corazón, y renuévame; dame ojos nuevos para poder reconocer tu presencia allí, donde nadie piensa que puedas estar; dame pies nuevos para salir de mi palacio y caminar, como los Magos, hasta tu pequeña casa de Belén.
Te doy gracias, porque cada día haces nueva mi existencia, para ser testigo de tu amor con los hombres.
Que mi oro, mi incienso y mi mirra, sean mi corazón, mi misericordia y mi acción.
Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.

El Señor que nos pone en camino hacia su encuentro, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Novena de Navidad - Séptimo día

Séptimo día, 22 de diciembre: 
LAS MUJERES Y LOS NIÑOS  
Lc 1,39-56

Señor, Dios de nuestras vidas, te damos gracias porque has sido para nosotros Padre y Madre, cuidándonos a cada instante, llenándonos de dones.
Danos un espíritu libre, sencillo y disponible a amar, a quien sea y dónde sea, para que, como niños pequeños, nos dejemos conducir por ti y así hagamos realidad la fraternidad a la cual nos invitas.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén

Dios que es fuente de verdadera humanidad, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Novena de Navidad - Sexto día

Sexto día, 21 de diciembre: 
LOS PASTORES Y LAS OVEJAS  
Lc 2,15-20

En los más pobres de tu pueblo, Señor, tú manifiestas la grandeza de tu amor.
Danos un corazón pobre y humilde, como el de los pastores a quienes tus ángeles anunciaron el nacimiento de tu Hijo; para que te podamos reconocer en los más necesitados y, atendiendo su clamor, imitemos tu amor.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.

El Dios que enaltece a los humildes, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

martes, 20 de diciembre de 2011

Novena de Navidad - Quinto día

Quinto día, 20 de diciembre: 
LOS ÁNGELES  
Lc 2,8-14

Tú has enviado, Señor, tu ángel para que camine delante de nosotros, protegiendo nuestros pasos y guiándonos hacia tus caminos; te sirves de ellos para anunciarnos buenas noticias.
Enséñanos a ser buena noticia para los demás, a hacer el bien sin ninguna restricción, así construiremos la paz con nuestros hermanos y haremos realidad el Reino de Dios entre nosotros.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.

Dios que nos envía a anunciar su redención a todos nuestros hermanos, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Novena de Navidad - Cuarto día

Cuarto día, 19 de diciembre: 
LA ESTRELLA DE BELÉN  
Ap 22,12-17

Jesús es la luz, es la estrella radiante de la mañana, es quien nos enseña el rostro del Padre. Su presencia ilumina toda nuestra vida y nos convierte en signos radiantes de su alegría para que guiemos a los demás hacia Él.
Te damos gracias, Señor, porque nos muestras el camino que nos lleva a amarte.
Infunde, Padre, ese espíritu de Amor en cada uno de nosotros para que seamos colaboradores de la historia de salvación que nos revelas a cada instante.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.

Que la alegría de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos acompañe siempre y la llevemos a los demás. Amén.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Cuarto Domingo de Adviento 2011

En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.
(Lc 1,26-38)

Novena de Navidad - Tercer día

Tercer día, 18 de diciembre: 
LA MULA Y EL BUEY  
Is 11,1

La mula y el buey son expresión de la pobreza en la cual nace Jesús:
Aquél a quien nadie quiso recibir en su casa, fue calentado y acogido por estos animales.
Te pedimos perdón porque muchas veces no sabemos ser solidarios con quien nos necesita.
Danos un corazón misericordioso para dar abrigo a los demás.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

El Dios creador, que nos recuerda su amor en cada huella de Él que encontramos en la naturaleza, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Novena de Navidad - Segundo día

Segundo día, 17 de diciembre: 
SAN JOSÉ 
Mt 1, 18-25

Tu amor, Padre, ha sido conocido por San José, él ha sido de quien Tú quisiste que Jesús aprendiera el amor paterno.
Ayúdanos a ser comprensivos con los demás, y danos la capacidad de responderte diligentemente, así como José lo ha hecho.
Que en el rostro de los niños sin padre encontremos tu rostro.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

El Dios que nos salva continuamente, quien ha bendecido a José con Jesucristo, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Novena de Navidad - Primer día.

Primer día, 16 de diciembre: 
LA VIRGEN MARÍA 
Lc 1, 26-38

Te damos gracias, Padre, porque en María nos has mostrado la grandeza de tu amor.
Te pedimos que germine en nosotros la pureza de corazón, y así seamos libres para hacer tu voluntad.
Abre nuestros oídos para que escuchemos tu Palabra, y que en nuestros labios esté siempre el sí a punto.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

El Dios de la Vida, que hizo fecunda la virginidad de María, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

En Adviento el amor nace de...

1. UN CORAZÓN QUE TOMA LA INICIATIVA
El amor nace del corazón de un Dios Padre que toma la iniciativa.
Tomar la iniciativa es esperar lo que llega poniéndose en camino.
Es acudir a la necesidad del otro, antes que se vuelva grito.
Es no temer mostrarnos carentes de algo, y con sencillez pedirlo.
Tomar la iniciativa es no esperar a que al otro vea, lo que nosotros ya vimos.
Es tender una mano antes que todo sea un abismo.
Es querer que tus hijos te encuentren como padre y te busquen como amigo.
Tomar la iniciativa es hablar a tiempo y con mucho cariño.
Es no pedir que otros hagan, lo que nosotros debemos por nosotros mismos.
¿Cuál será la iniciativa que tenemos que tomar en este tiempo para que nazca nuevo el amor? O dicho de otra manera, ¿cuál es la iniciativa que Dios ya tomó, y está esperando que nosotros continuemos?

2. UN CORAZÓN QUE SE DEJA ENCONTRAR
El amor nace del corazón de María que se deja encontrar por la iniciativa amorosa del Padre.
Dejarse encontrar es querer y permitir que haya encuentro.
Es dejar que el que nos busca, nos mire como perla, y así nos pida vernos.
Dejarse encontrar es estar en aquello que debemos; es habitar en lo propio sin curiosear en lo ajeno; es hospedar al que llega sin que nosotros lo llamemos.
Es dejar de buscarse en todo, que hace imposible el encuentro.
Dejarse encontrar es saber perder libretos, prejuicios y tiempo.
¿Qué será lo que tenemos que perder para dejarnos encontrar por ese Dios que en este tiempo también está hecho niño, para que nosotros lo encontremos?

3. UN CORAZÓN QUE SUEÑA POSIBILIDADES
El amor nace del corazón de José que sueña posibilidades.
Soñar posibilidades es vencer tozudamente la dureza que ofrece dificultad.
Es dar vuelta en el corazón las cosas, hasta encontrar su lado simple desde donde mirar.
Soñar posibilidades es reconocer cuando el corazón se fatiga y enseñarle a esperar.
Es confiar que la llave de “lo que es posible en Dios” abre lo que queríamos cerrar.
¿Qué posibilidades, nos invita Dios a soñar en este tiempo?

4. UN CORAZÓN QUE REJUVENECE EN LA ESPERA
El amor nace del corazón de Isabel que rejuvenece en la espera.
Rejuvenecer en la espera es no desechar por viejas, las promesas que nos dieron.
Es levantar el corazón del niño con las manos del abuelo.
Es revestirse de hombre nuevo, sin pintar la fachada de moderno.
Es ir a contramano de la inercia, hacia un amor primero.
Es renovar los odres, porque el vino de Dios es siempre nuevo.
Es no renunciar a la vida que se va gestando dentro.
¿Cuál será la espera que haga rejuvenecer nuestro corazón en este tiempo?

5. UN CORAZÓN QUE SALE A ABRIR PUERTAS
Salir a abrir puertas es entender que el solo abrirla, ya da espacio.
Es poner el rostro a lo que viene sin querer esquivarlo.
Es comprender cuando el ambiente se carga y se va saturando.
Salir a abrir puertas es vencer el egoísmo que tiende a encerrarnos.
Es abrirse a que el otro nos pida escucharlo.
Salir a abrir puertas es buscar comunicarnos.
Es querer que no haya nada que se pudra por cerrado.
Salir a abrir puertas es incluir a otros en lo que sabe alegrarnos.
Es aliviar del otro su corazón cansado.
Salir a abrir puertas es dar a la propia vida un horizonte más amplio.
¿Cuál es la puerta a la que el Señor está llamando en este tiempo, y tenemos que salir a abrir, si queremos alojarlo?

6. UN CORAZÓN QUE ELIGE UN SEGUNDO PLANO
El amor nace de un corazón que al contrario de Herodes, elige pasar a un segundo plano.
Elegir el segundo plano es dar lugar al otro porque la caridad está primero.
Es elegir una mirada de la vida en la que solos, no nos entendemos.
Es descubrir que la sombra no anula, sino libra de la ambición de los puestos.
Es buscar la sombra como lugar de llegada, y también de comienzo.
Elegir el segundo plano es ser buen discípulo y aprender del maestro.
Es reconocer humildemente diferencias, sin victimarse por ello.
Es ver que a otro eligen, y no llenarse de celos.
Es ser simples siervos, sin otro reconocimiento.
Es poner lo propio, sin rubricarlo con sellos.
Elegir el segundo plano es saber que un amor más grande viene sosteniendo el nuestro.
¿De qué modo se nos ofrece pasar hoy a un segundo plano?

7. UN CORAZÓN QUE VIVE ASOMBRÁNDOSE
El amor nace de un corazón, que como el de los pastores, vive asombrándose.
Vivir asombrándose es entender que todo hecho guarda una buena noticia.
Es renovar los aumentos, cuando en las cosas pequeñas se va perdiendo la vista.
Es ponderar con cuidado, el minucioso trabajo de Dios, como un Artista.
Es preguntarse por qué, de lo más insignificante se ocupa Aquél que está arriba.
Vivir asombrándose es ponerse con paciencia a distinguir el entramado de la vida.
Es agradecer el tesoro que guarda nuestra arcilla.
Vivir asombrándose es comprender que del todo, se sabe una partecita.
Es descubrir que el árbol se guardaba ya en la semilla, y en la gracia a pedir, lo que Dios nos ofrecía.
Vivir asombrándose es comprender que en las cosas de Dios, no existen las naderías.
¿En qué será que tengo que renovar mi asombro para que no se pase de largo el Señor con su visita?

8. UN CORAZÓN QUE SE ANIMA A SEGUIR
El amor nace de un corazón que como el de los Reyes se anima a seguir.
Animarse a seguir es entender que los pies fueron dados para andar y el corazón para seguir.
Animarse a seguir es tener la humildad suficiente para aceptar las señas del guía, y decirle: sí.
Es sostener lo que fue antorcha en la vida, aunque hoy, sea solo llama que ilumina el aquí.
Es ponerse detrás del anciano y aprender de su esfuerzo para poderse erguir.
Animarse a seguir es dar brotes de vida después de podas bien grandes, dejándose empujar por la raíz.
Es ver más allá de las nubes el claro por venir.
Es no guiarse por los que hablan al borde del camino, sino por el que en él supieron, su vida invertir.
Es ser fiel a la entrega, que nos lleva a parir.
Es saber que lo que una vez se hizo se puede repetir.
Animarse a seguir es estar en medio del río sin aflojar las brazadas para no sucumbir.
Es comprender que acá no se da lo que será dado allí.
Es no tocar más la herida hasta verla cicatriz.
¿En qué cosa me invita el Señor a animarme a seguir para no quedar en el camino porque sí?

9. UN CORAZÓN QUE ACUNA EL MADERO
El amor nace de un corazón que como el Niño acuna el madero.
Es dejar que el amor tome la carne, para que así puedan verlo.
Acunar el madero es recordar que el amor no ha nacido en corazones llenos.
Es descubrir que el amor nada esquiva cuando es bien verdadero.
Acunar el madero es dar fortaleza a lo que nace pero sin endurecerlo.
Es contener al que llora en su dolor más tierno.
Es alzar al que en la senda cae y proponerle otro intento.
Acunar el madero es poner las manos al servicio para amortiguar en algo, los dolores ajenos.
Es enseñar cuánta vida yace en aquel que dan por muerto.
Acunar el madero es entrecruzar el brazo de los pobres, con el nuestro.
Es tomar en nuestras manos la propia cruz y decir con amor doliente: la acepto.
Es comprender que en cada cruz, el amor del Padre nace de nuevo.
¿De qué modo me invita el Señor a acunar el madero?


Javier Albisu sj