lunes, 19 de febrero de 2018

Avisos parroquiales para la presente semana

• Misas: de martes a sábados a las 20 hs. Domingos a las 11 y a las 20 hs.

• Atención de secretaría parroquial: lunes a viernes de 17 a 20 hs.

• Miércoles 21 de febrero: Reunión de padres en el Colegio Parroquial desde las 8 hs.

• Jueves 22 de febrero: Reunión de padres en el Colegio Parroquial desde las 8 hs.

• Viernes 23 de Febrero: Reunión de personal del Colegio Parroquial a las 17 hs.

• Viernes 23 de Febrero: Rezo del Vía Crucis a las 19:30 hs.

• Viernes 23 de Febrero: Matrimonio a las 19 hs.

• Sábado 24 de Febrero: Consejo Pastoral Parroquial a partir de las 9 hs.

• Sábado 24 de Febrero: Matrimonio a las 21:15 hs.

 Están abiertas las inscripciones para las distintas catequesis (Comunión I y II, Confirmación, de Adultos). Informes e inscripción por secretaria parroquial.

• Se invita especialmente a quienes deseen participar activamente en la vida parroquial a que se integren: como catequistas (de Comunión, de Confirmación, matrimonios en Bautismo); en los equipos de Liturgia, en Coro, en Grupo Vicentino, u otras pastorales. Las personas que sientan vocación de servicio y disponibilidad de algo de tiempo, por favor presentarse en Secretaría para pedir una entrevista.

• Para la ayuda alimentaria a zonas carenciadas de nuestra y otras parroquias vecinas, cáritas solicita colaborar con: harina, polenta, lenteja, leche en polvo, té, yerba, galletas. Y también en esta época de inicio de clases, solicitamos colaborar con útiles escolares.

• Informamos que la parroquia tiene presencia en las Redes Sociales, particularmente en Facebook y en Twitter, que serán dos nuevas maneras de mantenernos comunicados usando los medios tecnológicos modernos. El blog parroquial en internet sigue activo en su forma habitual lo mismo que las comunicaciones por correo electrónico para las personas que se registren.
> Facebook Parroquia Nuestra Señora del Valle: Hacer clic acá.
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• Ponemos en conocimiento de los fieles que la parroquia afronta importantes gastos para su sostenimiento (luz, gas, impuestos, jardinería, reparaciones y mantenimiento, vereda, dársena de estacionamiento, flores, elementos litúrgicos, etc.) y también para colaborar con familias de zonas con carencias en zona de Los Boulevares y Argüello norte. A los efectos de facilitar la posibilidad de contribuir tenemos diversas opciones a disposición de los que así lo deseen:
A la vez que recordamos que no se realizan campañas a domicilio pidiendo colaboración en nombre de la parroquia ni del párroco, ni tampoco por medio de grupos de scouts que no tenemos. Ante cualquier situación de esta naturaleza formular la correspondiente denuncia a la autoridad policial.

sábado, 17 de febrero de 2018

Lecturas de la Misa del Domingo 1 de Cuaresma

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Génesis (Gn 9, 8-15) 

Dios dijo a Noé y a sus hijos: “Yo establezco mi Alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra. Yo estableceré mi Alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra”. Dios añadió: “Este será el signo de la Alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros: Yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi Alianza con la tierra. Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, me acordaré de mi Alianza con ustedes y con todos los seres vivientes, y no volverán a precipitarse las aguas del Diluvio para destruir a los mortales”.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 24, 4-9

R. Tus senderos, Señor, son amor y fidelidad.
O bien: Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
Por tu bondad, Señor,
acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres. R.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol San Pedro (Ped 3, 18-22)             

Queridos hermanos: Cristo padeció una vez por los pecados –el justo por los injustos– para que, entregado a la muerte en su carne y vivificado en el Espíritu, los llevara a ustedes a Dios. Y entonces fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros, a los que se resistieron a creer cuando Dios esperaba pacientemente, en los días en que Noé construía el arca. En ella, unos pocos –ocho en total– se salvaron a través del agua. Todo esto es figura del bautismo, por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios, después de subir al cielo y de habérsele sometido los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades.
Palabra de Dios.

EVANGELIO
+ Lectura del Santo Evangelio según san Marcos (Mc 1, 12-15)

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían. Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”.
Palabra del Señor

jueves, 15 de febrero de 2018

Catequesis del Papa Francisco sobre la santa misa (continuación)

En la audiencia general de este 14 de febrero, Miércoles de Ceniza con el que se da inicio al tiempo de Cuaresma, el Santo Padre prosiguió con su ciclo de catequesis sobre la misa, en esta ocasión se refirió al credo y la oración de los fieles. Esta fue su catequesis:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Buenos días, aunque el día no sea muy bueno. Pero si el alma está contenta el día es siempre bueno. Así que ¡buenos días! Hoy la audiencia se hará en dos sitios: un pequeño grupo de enfermos está en el Aula, a causa del mal tiempo y nosotros estamos aquí. Pero ellos nos ven y nosotros los vemos en la pantalla gigante. Los saludamos con un aplauso.

Continuamos con la catequesis sobre la misa. La escucha de las lecturas bíblicas, que se prolonga en la homilía, ¿a qué responde? Responde a un derecho: el derecho espiritual del pueblo de Dios a recibir abundantemente el tesoro de la Palabra de Dios (véase la Introducción al Leccionario, 45). Cada uno de nosotros cuando va a misa tiene el derecho de recibir con abundancia la Palabra de Dios, bien leída, bien dicha y luego, bien explicada en la homilía. ¡Es un derecho! Y cuando la Palabra de Dios no se lee bien, no se predica con fervor por el diácono, por el sacerdote o por el obispo se falta a un derecho de los fieles. Nosotros tenemos el derecho de escuchar la Palabra de Dios. El Señor habla para todos, pastores y fieles. Llama al corazón de los que participan en la misa, cada uno en su condición de vida, edad, situación. El Señor consuela, llama, despierta brotes de vida nueva y reconciliada. Y esto, por medio de su Palabra. Su Palabra llama al corazón y cambia los corazones.

Por lo tanto, después de la homilía, un tiempo de silencio permite que la semilla recibida se sedimente en el alma, para que nazcan propósitos de adhesión a lo que el Espíritu ha sugerido a cada uno. El silencio después de la homilía. Hay que guardar un hermoso silencio y cada uno tiene que pensar en lo que ha escuchado.

Después de este silencio, ¿cómo continúa la misa? La respuesta personal de fe se injerta en la profesión de fe de la Iglesia, expresada en el “Credo”. Todos nosotros rezamos el Credo en la misa. Rezado por toda la asamblea, el Símbolo manifiesta la respuesta común a lo que se ha escuchado en la Palabra de Dios (véase Catecismo de la Iglesia Católica, 185-197). Hay un nexo vital entre la escucha y la fe. Están unidos. Esta, -la fe- efectivamente, no nace de las fantasías de mentes humanas sino que, como recuerda San Pablo, “viene de la predicación y la predicación por la Palabra de Cristo” (Rom. 10:17). La fe se alimenta, por lo tanto, de la escucha y conduce al Sacramento. Por lo tanto, el rezo del “Credo” hace que la asamblea litúrgica “recuerde, confiese y manifieste los grandes misterios de la fe, antes de comenzar su celebración en la Eucaristía. “(Instrucción General del Misal Romano, 67). El Símbolo de fe vincula la Eucaristía al Bautismo recibido “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, y nos recuerda que los sacramentos son comprensibles a la luz de la fe de la Iglesia.

La respuesta a la Palabra de Dios recibida con fe se expresa a continuación, en la súplica común, llamada Oración universal, porque abraza las necesidades de la Iglesia y del mundo (ver IGMR, 69-71; Introducción al Leccionario, 30-31). También se llama Oración de los Fieles.

Los Padres del Vaticano II quisieron restaurar esta oración después del Evangelio y de la homilía, especialmente los domingos y días festivos, para que “con la participación del pueblo se hagan súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren cualquier necesidad, por todos los hombres y por la salvación del mundo entero. “(Const. Sacrosanctum Concilium, 53, ver 1 Tim 2: 1-2). Por lo tanto, bajo la dirección del sacerdote que introduce y concluye, “el pueblo ejercitando el oficio de su sacerdocio bautismal, ofrece súplicas a Dios por la salvación de todos”. (IGMR, 69). Y después de las intenciones individuales, propuestas por el diácono o por un lector, la asamblea une su voz invocando: “Escúchanos, Señor”.

Recordemos, en efecto, lo que el Señor Jesús nos dijo: “Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán” (Jn. 15, 7). “Pero nosotros no creemos en esto porque tenemos poca fe”. Pero si tuviéramos una fe –dice Jesús- como un grano de mostaza, habríamos recibido todo. “Pidan lo que quieran y se les dará”. Y, este momento de la oración universal, después del Credo, es el momento de pedir al Señor las cosas más importantes en la misa, las cosas que necesitamos, lo que queremos. “Se les dará”; de una forma o de otra, pero “se les dará”. “Todo es posible para el que cree”, ha dicho el Señor. ¿Qué respondió el hombre al que el Señor se dirigió para decir esta frase: “Todo es posible para el que cree”? Dijo: “Creo, Señor. Ayuda a mi poca fe”. Y la oración hay que hacerla con este espíritu de fe. “Creo, Señor, ayuda a mi poca fe”.

Las pretensiones de la lógica mundana, en cambio, no despegan hacia el Cielo, así como permanecen sin respuesta las peticiones autorreferenciales (véase St. 4,2-3). Las intenciones por las cuales los fieles son invitados a rezar deben dar voz a las necesidades concretas de la comunidad eclesial y del mundo, evitando el uso de fórmulas convencionales y miopes. La oración “universal”, que concluye la liturgia de la Palabra, nos exhorta a hacer nuestra la mirada de Dios, que cuida de todos sus hijos.+

miércoles, 14 de febrero de 2018

lunes, 12 de febrero de 2018

Mensaje del Arzobispo de Córdoba con motivo de la Cuaresma


El próximo 14 de febrero es miércoles de ceniza, con toda la Iglesia comenzaremos el tiempo de Cuaresma que nos invita y nos desafía a encarar una honda transformación interior en nuestra vida cristiana y nos predispone para celebrar adecuadamente la Pascua de Jesús.

La transformación interior y la preparación para la celebración de la Pascua del Señor, a su vez, se deben concretar desde un renovado encuentro con Jesús. Dicho encuentro es siempre iniciativa del Señor. Él nos “primerea”, como dice el Papa Francisco. Él nos busca siempre porque nos ama de veras y quiere que todos lleguemos a gozar de sus dones. Pero Él no se nos impone. Nos espera respetuosamente, como hermosamente dice en el libro del Apocalipsis: estoy a la puerta y llamo. Si le abrimos, Él entrará para cenar con nosotros (Cf. Apoc. 3, 20). Abrirle el corazón es nuestra decisión. Nadie, sino nosotros mismos podemos dar ese paso movidos y ayudados también por su gracia.

El encuentro con Jesús es iluminador. Nos traza un camino cierto. “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas” (cf. Jn. 8, 12). Ese encuentro es también transformante, reconfortante, nos da la capacidad para obrar de una manera nueva: “yo todo lo puedo gracias a Aquél que me conforta”, decía el apóstol san Pablo (cf. Fil 4, 13).

El encuentro con Jesús es una invitación a seguirlo. ¿Qué buscan?, preguntó Jesús a dos discípulos de Juan Bautista que venían tras Él. ¿Dónde vives?, le preguntaron ellos a su vez. Jesús los invitó: vengan y lo verán. Ellos fueron, vieron y se quedaron (cf. Jn. 1, 35-39). Se quedaron porque descubrieron al Señor. Entonces, ¿qué más había que buscar..?

El encuentro y el seguimiento de Jesús provocan un cambio interior, una conversión, como en Zaqueo. Jesús no dice nada, pero Zaqueo repara sus abusos y además entrega generosamente la mitad de sus bienes a los necesitados. Su vida cambió porque Jesús entró en “su casa”, es decir, en su corazón (cf. Lc. 19, 8-10).

La Cuaresma es una fuerte invitación a ese cambio interior, que también llamamos conversión. Una manera eficaz de ayudar para este cambio interior es acercarnos al sacramento de la reconciliación donde el Señor misericordioso nos espera en la persona del sacerdote que nos escucha y nos absuelve. En este tiempo se realizan en nuestras comunidades celebraciones penitenciales. No dejemos pasar esas ocasiones de gracia, es decir de encuentro sanador y salvador con Jesús. Hagamos lo posible para mirar la infinita misericordia del Señor que nos espera con los brazos abiertos más que estar pendientes de nuestras faltas.

Seguimos a Jesús no aisladamente, sino como miembros de una comunidad de personas que también se han encontrado con Él y disfrutan de su amistad y de sus dones. La Cuaresma es un tiempo oportuno para reencontranos de nuevo con nuestros hermanos en la fe y para incorporarnos más profundamente a la vida de la comunidad eclesial. La comunión entre nosotros nos mueve a ayudar a los demás y a dejarnos ayudar por ellos.

Como Iglesia que peregrina en Córdoba, estamos transitando un camino sinodal. Queremos que el próximo Sínodo sea también una oportunidad para encontrarnos con Jesús o para reencontrarnos con Él (cf. Evangelii Gaudium, 3) y para recibir la buena noticia de su Evangelio. Queremos ver cómo vivir mejor su propuesta, encarnándola en un testimonio convencido y coherente, y cómo compartirla con todos, a través de un anuncio también convencido, alegre y al mismo tiempo profundamente respetuoso.

Anhelamos que esta Cuaresma nos ayude a disponernos convenientemente para vivir ese acontecimiento eclesial y para ofrecer lo mejor de nuestra parte participando desde la oración ferviente y confiada, la reflexión serena y creativa ofreciendo los aportes que podemos brindar desde nuestro lugar y desde nuestra responsabilidad.

La figura señera de san José Gabriel Brochero puede inspirarnos para vivir la Cuaresma y para disponernos a la realización del próximo Sínodo. El Santo Cura participó del VIII° Sínodo y estuvo invitado al IX°, del cual no pudo tomar parte por razones de su salud. Por otra parte, en su incansable tarea evangelizadora y pastoral, al visitar a sus paisanos, les decía cordialmente: “aquí vengo a darles música”. La música era la invitación a los ejercicios espirituales ocasión de encuentro con Jesús y de renovación de la vida cristiana.

Ojalá en esta nueva Cuaresma nosotros también escuchemos esa bendita música. Que la “Purísima”, como cariñosamente llamaba Brochero a María Santísima, nos acompañe y nos ayude a encontrarnos con el Señor Jesús, para hacer lo que Él nos diga (cf. Jn 2, 5) y nos alcance la gracia de concretar un Sínodo que nos mueva a recibir y proclamar el primer anuncio del evangelio hoy en Córdoba.

Deseándoles una fructuosa preparación cuaresmal y una muy feliz pascua de Resurrección, los saludo cordialmente y los acompaño con mi oración y mi bendición.

+ Carlos José Ñáñez
Arzobispo de Córdoba
Córdoba, 10 de febrero de 2018

sábado, 10 de febrero de 2018

Avisos parroquiales semana del 11 al 17 de febrero

• Recordamos que durante todo el mes de febrero las misas se celebrarán de martes a sábados a las 20 horas. Y los domingos a las 11 y a las 20 hs.

• La atención de secretaría parroquial sigue siendo de lunes a viernes de 17 a 20 horas.

• El domingo 11 de Febrero se celebrarán cuatro matrimonios: a las 19:00, a las 21:00, a las 21:20 y a las 21:50

• Lunes 12 y martes 13: feriado. No hay atención de secretaría parroquial. El martes misa en horario habitual (20 hs).

• Miércoles 14 de febrero: Miércoles de Ceniza, iniciamos Cuaresma. Misa a las 20 horas con imposición de la ceniza. Quienes tengan ramos de olivo del año pasado traerlos un rato antes para ser quemados. 

• Durante el tiempo de Cuaresma se rezará el Vía Crucis todos los viernes a las 19:30 hs.

• A partir del miércoles 14 de febrero comienzan las inscripciones para las diversas Catequesis: de Comunión I y II,  de Confirmación, y de Adultos. Para más detalles de información presentarse en secretaría parroquial días hábiles de 17 a 20 horas.

• Sábado 17 de febrero: Bautismos a las 12:40 horas.

• Se invita especialmente a quienes deseen participar activamente en la vida parroquial a que se integren: como catequistas (de Comunión, de Confirmación, matrimonios en Bautismo); en los equipos de Liturgia, en Coro, en Grupo Vicentino, u otras pastorales. Las personas que sientan vocación de servicio y disponibilidad de algo de tiempo, por favor presentarse en Secretaría para pedir una entrevista.

• Recordamos que la parroquia tiene presencia en las Redes Sociales, particularmente en Facebook y en Twitter, que serán dos nuevas maneras de mantenernos comunicados usando los medios tecnológicos modernos. El blog parroquial en internet sigue activo en su forma habitual lo mismo que las comunicaciones por correo electrónico para las personas que se registren.
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• Ponemos en conocimiento de los fieles que la parroquia afronta importantes gastos para su sostenimiento (luz, gas, impuestos, jardinería, reparaciones y mantenimiento, vereda, dársena de estacionamiento, flores, elementos litúrgicos, etc.) y también para colaborar con familias de zonas con carencias en zona de Los Boulevares y Argüello norte. A los efectos de facilitar la posibilidad de contribuir tenemos diversas opciones a disposición de los que así lo deseen:
A la vez que recordamos que no se realizan campañas a domicilio pidiendo colaboración en nombre de la parroquia ni del párroco, ni tampoco por medio de grupos de scouts que no tenemos. Ante cualquier situación de esta naturaleza formular la correspondiente denuncia a la autoridad policial.

Lecturas de la Misa del Domingo 6 del Tiempo Ordinario

DOMINGO 6 DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Levítico (Lev 13, 1-2. 45-46) 

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: Cuando aparezca en la piel de una persona una hinchazón, una erupción o una mancha lustrosa, que hacen previsible un caso de lepra, la persona será llevada al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes. La persona afectada de lepra llevará la ropa desgarrada y los cabellos sueltos; se cubrirá hasta la boca e irá gritando: “¡Impuro, impuro!”. Será impuro mientras dure su afección. Por ser impuro, vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 31, 1-2. 5. 11

R. ¡Me alegras con tu salvación, Señor!

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
y liberado de su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas,
y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

Pero yo reconocí mi pecado,
no te escondí mi culpa, pensando:
“Confesaré mis faltas al Señor”.
¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

¡Alégrense en el Señor,
regocíjense los justos!
¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto (1Cor 10, 31—11, 1)             

Hermanos: Sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios. No sean motivo de escándalo ni para los judíos ni para los paganos ni tampoco para la Iglesia de Dios. Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse. Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.
Palabra de Dios.

EVANGELIO
+ Lectura del Santo Evangelio según san Marcos (Mc 1, 40-45)
Se le acercó un leproso a Jesús para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor

viernes, 9 de febrero de 2018

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2018

Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión», que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12). Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la Pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de fieles: ante acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas? Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por el encanto de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas a los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan completamente inútiles: a cuántos jóvenes se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Esos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor, sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos, haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de esos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; su morada es el hielo del amor apagado. Preguntémonos entonces: ¿Cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos . Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada por los desechos tirados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que envolver por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esa falta de amor, que son: la desidia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que lleva a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero.

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que acabo de describir, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la codicia y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan dificultades. Y cómo me gustaría que también en nuestras relaciones diarias, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios con sus hijos; y si Él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, Él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica y llegara a todos los hombres y mujeres de buena voluntad dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugerente rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu», para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

FRANCISCO

jueves, 8 de febrero de 2018

Catequesis del Papa Francisco sobre la santa misa (continuación)

Francisco, en la Audiencia General de este miércoles 7 de febrero, continuó con el ciclo de catequesis sobre la santa misa que viene desarrollando desde los últimos meses del año pasado y que pueden encontrarse en este blog durante noviembre y diciembre. 2017. A continuación, la catequesis completa del Papa:
El diálogo entre Dios y su pueblo, desarrollado en la Liturgia de la Palabra en la misa, llega al culmen en la proclamación del Evangelio. Lo precede el canto del Aleluya – o, en Cuaresma, otra aclamación – con el cual “la asamblea de los fieles acoge y saluda al Señor quién le hablará en el Evangelio”. Como los misterios de Cristo iluminan toda la revelación bíblica, así, en la Liturgia de la Palabra, el Evangelio es la luz para entender el significado de los textos bíblicos que lo preceden, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Efectivamente “Cristo es el centro y plenitud de toda la Escritura, y también de toda celebración litúrgica”. Jesucristo está siempre en el centro, siempre.

Por lo tanto, la misma liturgia distingue el Evangelio de las otras lecturas y lo rodea de un honor y una veneración particular. En efecto, sólo el ministro ordenado puede leerlo y cuando termina besa el libro; hay que ponerse en pie para escucharlo y hacemos la señal de la cruz sobre la frente, la boca y el pecho; las velas y el incienso honran a Cristo que, mediante la lectura evangélica, hace resonar su palabra eficaz. A través de estos signos, la asamblea reconoce la presencia de Cristo que le anuncia la “buena noticia” que convierte y transforma. Es un diálogo directo, como atestiguan las aclamaciones con las que se responde a la proclamación, “Gloria a Ti, Señor”, o “Alabado seas, Cristo”. Nos levantamos para escuchar el Evangelio: es Cristo que nos habla, allí. Y por eso prestamos atención, porque es un coloquio directo. Es el Señor el que nos habla.

Así, en la misa no leemos el Evangelio para saber cómo han ido las cosas, sino que escuchamos el Evangelio para tomar conciencia de que lo que Jesús hizo y dijo una vez; y esa Palabra está viva, la Palabra de Jesús que está en el Evangelio está viva y llega a mi corazón. Por eso escuchar el Evangelio es tan importante, con el corazón abierto, porque es Palabra viva. San Agustín escribe que “la boca de Cristo es el Evangelio”. Él reina en el cielo, pero no deja de hablar en la tierra”. Si es verdad que en la liturgia “Cristo sigue anunciando el Evangelio”, se deduce que, al participar en la misa, debemos darle una respuesta. Nosotros escuchamos el Evangelio y tenemos que responder con nuestra vida.

Para que su mensaje llegue, Cristo también se sirve de la palabra del sacerdote que, después del Evangelio, pronuncia la homilía. Vivamente recomendada por el Concilio Vaticano II como parte de la misma liturgia, la homilía no es un discurso de circunstancias, ni tampoco una catequesis como la que estoy haciendo ahora, ni una conferencia, ni tampoco una lección: la homilía es otra cosa. ¿Qué es la homilía? Es “un retomar ese diálogo que ya está entablado entre el Señor y su pueblo”, para que encuentre su cumplimiento en la vida. ¡La auténtica exégesis del Evangelio es nuestra vida santa! La palabra del Señor termina su carrera haciéndose carne en nosotros, traduciéndose en obras, como sucedió en María y en los santos. Acordaos de lo que dije la última vez, la Palabra del Señor entra por los oídos, llega al corazón y va a las manos, a las buenas obras. Y también la homilía sigue a la Palabra del Señor y hace este recorrido para ayudarnos a que la Palabra del Señor llegue a las manos pasando por el corazón.

Ya he tratado el tema de la homilía  en la Exhortación Evangelii gaudium, donde recordé que el contexto litúrgico “exige que la predicación oriente a la asamblea, y también al predicador, a una comunión con Cristo en la Eucaristía que transforme la vida. ]

El que pronuncia la homilía deben cumplir bien su ministerio –el que predica, el sacerdote, el diácono o el obispo– ofreciendo un verdadero servicio a todos los que participan en la misa, pero también quienes lo escuchan deben hacer su parte. En primer lugar, prestando la debida atención, es decir, asumiendo la justa disposición interior, sin pretensiones subjetivas, sabiendo que cada predicador tiene  sus méritos y sus límites. Si a veces hay motivos para aburrirse por la homilía larga, no centrada o incomprensible, otras veces es el prejuicio el que constituye un obstáculo. Y el que pronuncia la homilía debe ser consciente de que no está diciendo algo suyo, está  predicando, dando voz a Jesús, está predicando la Palabra de Jesús. Y la homilía tiene que estar bien preparada, tiene que ser breve ¡breve!  Me decía un sacerdote que una vez había ido a otra ciudad donde vivían sus padres y su papá le había dicho: “¿Sabes? Estoy contento porque mis amigos y yo hemos encontrado una iglesia donde se dice misa sin homilía”. Y cuántas veces vemos que durante la homilía algunos se duermen, otros charlan o salen a fumarse un cigarrillo… Por eso, por favor, que la homilía sea breve, pero esté bien preparada. Y ¿cómo se prepara una homilía, queridos sacerdotes, diáconos, obispos? ¿Cómo se prepara? Con la oración, con el estudio de la Palabra de Dios y haciendo una síntesis clara y breve; no tiene que durar más de diez minutos, por favor.

En conclusión, podemos decir que en la Liturgia de la Palabra, a través del Evangelio y la homilía, Dios dialoga con  su pueblo, que lo escucha con atención y veneración y, al mismo tiempo, lo reconoce presente y activo. Si, por lo tanto, escuchamos la “buena noticia”, ella nos convertirá  y transformará  y así podremos cambiarnos a nosotros mismos y al mundo. ¿Por qué? Porque la Buena Noticia, la Palabra de Dios entra por los oídos, va al corazón y llega a las manos para hacer buenas obras.

miércoles, 7 de febrero de 2018

El Papa Francisco convoca a una Jornada de ayuno y oración por la Paz

Tras el rezo del Ángelus Papa Francisco hizo un anuncio: “Ante las trágicas situaciones de conflicto en diversas partes del mundo, invito a los fieles a una especial Jornada de oración y ayuno por la paz, el día 23 de febrero próximo, viernes de la primera semana de Cuaresma. La ofreceremos en especial por la República Democrática del Congo y el Sudán del Sur”.

Con este llamamiento Papa Francisco invita a católicos, cristianos y no cristianos a unirse a la iniciativa de la forma que prefieran, para frenar los conflictos en el mundo. En su reflexión pidió a todos que se pregunten: “¿Qué puedo hacer yo por la paz?” y recordó que “”Las victorias obtenidas con la violencia son falsas. Trabajar por la paz hace bien a todos... Nuestro Padre escucha siempre a sus hijos que le gritan en el dolor y la angustia”, afirmó.

En sus saludos también recordó la beatificación de Teresio Olivellli, asesinado por su fe en 1945, en el campo de exterminio de Hersbruck: “Dio testimonio de su amor a Cristo en los más débiles… Su heroico sacrificio sea germen de esperanza y de fraternidad” y la tragedia del ciclón que ha asolado en las últimas fechas Madagascar.

El Papa Francisco también quiso hacer un saludo a los defensores de la vida con motivo de la Jornada por la Vida que se celebra en Italia: “No son muchos y eso me preocupa, que sean pocos los que luchan por la vida. En un mundo, donde se legisla cada vez más contra la vida, en un mundo de la cultura del descarte de lo que no sirve y de lo que molesta. Que nuestro pueblo sea más consciente de la defensa de la vida”.

domingo, 4 de febrero de 2018

Mensaje de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal a la Iglesia argentina

Queridos hermanos

Con gran alegría vamos concluyendo nuestro paso por Roma.

Como Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, hemos tenido oportunidad de visitar casi todos los dicasterios vaticanos y de asomarnos a la intensa actividad que con calidez, cercanía y eficaz sensibilidad despliegan estos organismos animados por el incansable Papa Francisco. Nos hemos sentido escuchados y alentados en nuestra misión.

Entre los distintos temas que fuimos abordando, pudimos conocer el programa de trabajo con que la Santa Sede prepara el Sínodo sobre los Jóvenes (2018) revelando el compromiso de toda la Iglesia con su evangelización. De igual manera la simultánea preparación del Sínodo para el Amazonas (2019) expresa el acompañamiento eclesial y la promoción integral de los pueblos originarios, así como la preocupación por la creación afligida por el maltrato sistemático que la depreda y somete. Este Sínodo ciertamente, tendrá resonancias globales y consecuencias para nuestra región en cuanto proclamación de la Buena Noticia del cuidado de la Casa Común, a fin de que sea una tierra habitable para todos.

En estos días nos hemos encontrado en dos ocasiones con el Sumo Pontífice. El pasado 1° de febrero lo acompañamos en la celebración de la Eucaristía en Santa Marta. Allí pudimos saludarlo y expresarle nuestro cariño fraterno. Esta mañana volvimos a vernos para una audiencia privada en la que Francisco nos confirmó en la fe con su ministerio de buen Pastor de la Iglesia universal.

Durante una hora recorrimos los distintos temas pastorales que nos preocupan y que encontraron resonancia en Francisco, cuya pasión evangelizadora y reflexión autorizada nos ayudan a discernir nuestro compromiso de pastores para estar presentes, con coraje evangélico, donde nuestros hermanos nos necesitan; y para que nuestra palabra se prolongue en el testimonio abnegado de la entrega.

En el diálogo que mantuvimos, le renovamos nuestro deseo de que visite la Argentina cuando lo juzgue oportuno. Por ahora el Papa no viajará a nuestro país, decisión que respetamos y acompañamos.

Con afecto, desde Roma, los saludamos y bendecimos en nombre de Cristo, el Señor y María de Luján.

Roma, 3 de febrero de 2018

Los obispos de la Comisión Ejecutiva de la CEA
Mons. Oscar V. Ojea, Obispo de San Isidro y Presidente de la CEA,
Cardenal Mario A. Poli, Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina y Vicepresidente I
Mons. Marcelo D. Colombo, Obispo de La Rioja y Vicepresidente II
Mons. Carlos H. Malfa, Obispo de Chascomús y Secretario General